Rutinas constructivas: Para dejar de actuar en “piloto automático”

febrero 12, 2018

Cada día de nuestras vidas, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, está poblado —o invadido, mejor dicho— por pequeñas costumbres, formas de hacer y de pensar, que influyen en nuestras conductas y en el devenir más próximo.

Si haciéramos una lista de todas las cosas que hacemos casi mecánicamente en el día, nos asombraríamos de lo determinantes que pueden ser para lo que sucede después. Veamos sólo un ejemplo:

Muchas personas consideran que no están lo suficientemente despiertas si no beben una taza de café bien cargado como único desayuno, sin ningún otro alimento. Luego, con suma frecuencia sienten malestares estomacales o un descenso de energía pronunciado en las primeras horas del día. ¿Por qué sucede esto? Porque está acostumbrado a escatimar su propio desayuno y, así, le resta a su organismo los nutrientes que necesita para ponerse en funcionamiento.

¿Cuántas mini-rutinas como ésta seguimos y, después, sufrimos las consecuencias?

Esta nota le ayudará a pensar cuáles son sus esquemas de comportamiento constructivos, dignos de conservarse, y cuáles debería abandonar ya mismo.

Cómo son las rutinas constructivas

Contribuyen a adaptarse, sin agobiarse, al contexto: por eso, ayudan a actuar mejor frente a sucesos imprevistos. Cada conducta constructiva suma experiencia para futuras situaciones similares.

Reducen el riesgo de paralizarse en situaciones problemáticas, porque restan miedo a las equivocaciones y son estructuras contenedoras para sentirse resguardado en momentos de imprevisibilidad.

Son muy favorables para fortalecer los modos personales de aprender y formar conceptos e ideas.

Generan clima de ánimo positivo, porque fomentan la tranquilidad, la cercanía emocional y la confianza con los demás.

Respetan tiempos biológicos o sociales para disfrutar: dedicar un tiempo a la sobremesa, dormir un poquito más los domingos o estar al sol las tardes de fin de semana, son ejemplos de estas rutinas constructivas y necesarias.

¿Cuál es su diferencia con las costumbres destructivas?

Las rutinas destructivas son estructuras inamovibles que generan inseguridad si se alteran y provocan escasa gratificación aún cuando se practican con suma disciplina.

Cualquier rutina se transforma en destructiva cuando deja de ser elegida por el sujeto, provoca dependencia y culpabilidad si se abandona, así como disminuye la autenticidad de los vínculos afectivos o interpersonales.

5 pasos para seleccionar los esquemas positivos

  1. Deje de actuar en “piloto automático” y preste atención a todas sus conductas cotidianas.
  1. Anote en un cuaderno la lista de acciones que efectúa durante el día y otórgueles un puntaje, del 1 al 5: 1 para la menos gratificante y 5 para la que lo hace sentir mejor.
  1. Luego, escriba para qué le sirve cada una de esas conductas y piense qué pasaría (concretamente, no en su mente) si no llevara a cabo a cada una de ellas.
  1. Evalúe alternativas de acción para llegar a los mismos objetivos de distinto modo: por ejemplo, si todos los sábados por la tarde va al supermercado para las compras semanales, elija una salida previa —al cine, al parque o a visitar a unos amigos— para recién después cumplir con esa obligación que se ha impuesto.
  1. Propóngase una semana de prueba para sus alternativas y, al finalizar el período, evalúe cuál de las dos versiones (la vieja y la nueva) ha sido más efectiva para su propósito. Aún cuando elija la anterior, el buen efecto ya existe: usted pudo desprenderse de sus únicas opciones y practicar otra forma de actuar en su vida cotidiana.