La tendencia “raw food”

febrero 5, 2018

Volver a los orígenes para tener una alimentación más sana y completa.

La comida cruda o “raw food” no solo es un tipo de dieta, se asocia también con una filosofía de acercamiento a la naturaleza y un estilo de vida más conciente del medio ambiente y del cuerpo. Su seguidores, en su mayoría vegetarianos, argumentan que es muy saludable y ecológica.

El Raw Food se implementa a partir de técnicas como fermentar, moler, brotar y deshidratar, que son las formas más antiguas que inventó la humanidad para conservar la comida.

La comida viva se practica desde el principio mismo de los tiempos, era la única forma de alimentarse que tenían nuestros antepasados antes de descubrir el fuego. Hoy día, “Raw Food” se convirtió en una corriente gastronómico-filosófica en auge que deriva del crudivorismo nacido en los años 60 en los Estados Unidos, cuando la doctora Ann Wigmore anunció que se había curado de cáncer de colon con una dieta basada en clorofila (vegetales), azúcares (frutas) y proteínas (semillas, frutas secas, hongos).

La rama más difundida de crudivorismo es la vegana, es decir, aquella que excluye alimentos de origen animal y sus derivados, existen otras, las menos, que incluyen alimentos de origen animal como los huevos, pescados (como el sashimi), carnes (como el carpaccio) y lácteos no pasteurizados (quesos, yogur y leches). En todos los casos, la idea es nutrirse manteniendo la naturaleza de los compuestos bioquímicos de los alimentos, para lo cual no se los somete a la cocción con fuego.

LOS ARGUMENTOS

La comida viva, en su versión más tradicional, está hecha a base de frutas y verduras frescas de estación, frutos secos, brotes de semillas, algas y setas. Solo se usan alimentos no procesados y de origen ecológico. En este tipo de cocina se emplean técnicas de preparación que alteran mínimamente los alimentos, como la deshidratación, la maceración y la fermentación. Eventualmente se puede utilizar el fuego pero por debajo de los 42 ºC. De este modo, se busca preservar a los alimentos en su estado más puro. Los principales argumentos de los adeptos a la alimentación viva son:

Obtener más nutrientes y energía

La comida cruda es alimento, la comida cocida o frita está esterilizada, muerta, carente de algunas sustancias que necesitamos para vivir. Cocinar los alimentos implica destruir sus enzimas –que ayudan a la digestión–, proceso que ocurre entre los 40 y 43 ºC. Los alimentos cocidos, muy condimentados y procesados son alimentos que demandan mucha actividad a nuestro sistema digestivo, utilizando nuestras reservas energéticas para la digestión. Con una alimentación viva, en cambio, nuestra digestión se facilita, dejando energía disponible para el desarrollo de nuestras actividades tanto físicas, como mentales y espirituales. Otro aspecto fundamental es que en el proceso de cocción se pierden entre 60 a 80 por ciento de vitaminas y minerales.

Desintoxicar el organismo

Los alimentos procesados y cocinados, la carne, el pan, los productos lácteos, la cafeína y el alcohol, crean además un estado ácido en el cuerpo. Dicho estado no es natural y provoca problemas de salud como el exceso de peso, la diabetes e incluso repercute en la aparición de algunos tipos de cánceres. La ingestión de alimentos vivos ayuda a devolver al cuerpo un estado alcalino, lo que resulta un factor clave para crear y mantener una salud fuerte, ya que se absorben mejor los nutrientes de los alimentos y se expulsan las toxinas de manera más eficiente.

Ser concientes de lo que comemos

El hábito de comer alimentos muy cocinados o procesados desvirtúa además nuestra capacidad natural de selección de los alimentos. Aprender a comer crudo significa asumir los sabores y olores naturales, descartando la exageración artificial de los aromas de los platos muy elaborados. Los alimentos muy cocinados, fritos, especialmente si están saborizados, embriagan nuestros sentidos hasta embotarlos. Nos hacen dependientes llevándonos a consumir de más por cuestiones ajenas a la nutrición saludable.

LOS BENEFICIOS

A través de una alimentación viva está garantizada la obtención de enzimas esenciales para la perfecta absorción de nutrientes y, además, se preservan nuestras reservas enzimáticas, tantas veces malgastadas por procesos digestivos exigentes, producto de una alimentación rica en harinas, azúcares refinados, carnes, lácteos, productos sintéticos, etc.

Es naturalmente baja en calorías y, si está correctamente balanceada, es rica en proteínas, enzimas, grasas poliinsaturadas, aceites esenciales variados y una gran variedad de minerales. Además, la comida cruda sacia totalmente sin llenar.

Otorga mayor vitalidad, mejor ánimo, más capacidad de antención y lucidez.

La piel que se ve más luminosa y el cabello más brilloso.

Ayuda a revertir el proceso de envejecimiento, ya que incluye alimentos con alto contenido de antioxidantes y enzimas capaces de revitalizar y regenerar el organismo.

Mejora el funcionamiento del sistema inmune y de las células, elevando nuestras defensas. Ayuda a prevenir enfermedades como el cáncer o las cardiovasculares.

Es desintoxicante: los alimentos crudos poseen un gran poder depurativo.

Evita la constipación, favorece el proceso digestivo y estimula la producción de flora bacteriana benéfica.

Implica eliminar de la dieta productos tóxicos como conservantes y pesticidas.