Aprenda a comunicarse a través del contacto físico

noviembre 30, 2017

El tacto es el primer sentido que se desarrolla, permite conocernos y comunicarnos mejor con lo demás. Pero, en la sociedad en la que vivimos, este sentido y su potencialidad están exageradamente inhibidos. Ser capaces de compartir un auténtico abrazo, estrechar unas manos amigas, sentir la belleza humana en nuestra piel nos reconforta y nos conecta con nuestro interior más profundo, permitiendo mejorar nuestras relaciones interpersonales.

Las primeras experiencias del ser humano al nacer son táctiles, es decir, se desarrollan a través del tacto y el contacto físico. Este sentido se encuentra estrechamente vinculado con la piel que, después del cerebro, es el órgano vital más importante. Entre sus múltiples funciones, la piel nos protege del mundo exterior, pero también nos permite comunicarnos con él. Sin embargo, a medida que crecemos, las normas rígidas establecidas por la sociedad inhiben ese potencial de comunicación no verbal que poseemos, porque un contacto físico adecuado comunica más que las palabras.

Aprender a tocar, entonces, es recuperar lo que nos pertenece, sentir a través de la piel y volver a revivir las sensaciones táctiles.

Un sentido que nos une a la vida

Perder el contacto físico es desconectarnos de la tierra, a la que estamos vinculados a través del cuerpo, que es nuestro hogar y donde guardamos lo que somos: energía, emociones, pensamientos, memoria, espíritu. Tener consciencia de nuestro propio cuerpo y poder comunicarnos con él y a través de él nos permitirá disfrutar más de la vida, logrando un verdadero goce interior.

El tacto es un sentido extenso y profundo que nos aproxima al fascinante enigma de nuestra naturaleza más íntima. En él se contiene nuestra experiencia intrauterina. Entonces, cuando nos permitimos abrazar y ser abrazados nos sumergimos en el recuerdo sensorial del seno materno, experimentando un retorno a nuestro interior de calidez y protección, encontrándonos en un lugar conocido, aunque no seamos conscientes de ello.

Cuando somos capaces de sentir a través del tacto y aprendemos a tocar de manera consciente y agradable, llenamos vacíos existenciales y experimentamos una paz que nace sin mediar palabras. Ser capaces de compartir un auténtico abrazo, estrechar unas manos amigas, sentir la belleza humana en nuestra piel nos reconforta y nos transporta a espacios de luz, conectándonos con nuestro interior más profundo.

Recuperar la estabilidad emocional

Desde que nacemos tenemos la necesidad de sentirnos protegidos en los brazos que nos trasmiten sensaciones y sentimientos de afecto, sumamente necesarios para desarrollar nuestra estabilidad emocional. Cuando esta necesidad no encuentra una respuesta adecuada, comenzamos a crear barreras y bloqueos que poco a poco van construyendo corazas que inhiben nuestra capacidad de expresión. Así, intentamos disfrazar los miedos que nos acompañan y constantemente disimulamos lo que somos, tanto en nuestra relación con los demás como con nosotros mismos.

Sin embargo, existe un camino posible para liberarnos de esas corazas. Nuestro cuerpo nos ayuda a encontrarnos y reconciliarnos con nuestra esencia, siendo la piel uno de los recursos más poderosos que tenemos para ello.

Cómo comunicar a través del contacto

Aprender a tocar significa descubrir o reencontrarse con el valor de las sensaciones táctiles. También, al ser conscientes en el momento de tocar o ser tocados, desarrollar la sensibilidad corporal y aumentar nuestra dimensión creativa y placentera que se aloja en lo más profundo de cada uno. En pocas palabras, aprender a tocar nos permite enriquecer nuestra vida emocional.

A continuación, encontrarás algunas propuestas que pretenden enfatizar en la calidad del contacto, despertar el valor que tiene la comunicación a través de la piel y sensibilizarnos ante este potencial que podemos desarrollar y trasmitir a los demás.

La importancia estar relajados

La relajación favorece una comunicación más natural, la cual nos permite una apertura hacia los demás y hacia nosotros mismos. Si deseamos estar con otra persona, debemos ser conscientes de nuestro cuerpo y aprender a estar en él.

Relajarse implica deshacer las marañas de la tensión física y mental, permitiendo aflojar el cuerpo y soltar los pensamientos.

La comunicación a través del contacto físico

Abrazar

Abrazarnos es tocarnos de una manera amplia y profunda, es liberar sentimientos y compartirlos. Cuando nos entregamos al abrazo involucramos gran parte de nuestro cuerpo y nos envolvemos mutuamente, dejando en segundo plano los pensamientos.

¿Cómo hacerlo? Cuando estés en compañía de alguien que estimes mucho y quieras manifestarle tus sentimientos, abrázalo. Deja que tus brazos y manos acunen el cuerpo del otro, relaja los hombros, la espalda y la cadera. Siente como tu pecho y tu abdomen se encuentran en el interior del otro. Respiren simultáneamente, sintiendo la expansión de ambos cuerpos, que se funden al soltar el aire y crean un solo cauce de energía. Libera la tensión, aquieta los pensamientos y ábrete a la inmensidad que te envuelve.

Disfruta ese instante y aprovéchalo para comunicarte sin palabras. Sentirás cómo surge espontáneamente ese encuentro que renueva y fortalece emocionalmente.

Caricias sensoriales en pareja

Las parejas pueden disfrutar de la posibilidad de comunicarse a través de su cuerpo para conocerse. En el cuerpo está contenida el alma, y a través de él podemos alcanzar la más sublime comunicación con el otro.

En el cuerpo tenemos todas nuestras formas de comunicarnos. Si nos atrevemos a conocer cada vez más el cuerpo del ser amado y, a su vez, le permitimos conocer el nuestro, reafirmaremos el sentimiento que nos une y aportaremos seguridad a la relación.

¿Cómo hacerlas? Una de las zonas más sensibles del cuerpo son las orejas. En ellas se reproduce nuestra cartografía humana, por lo que el roce más suave se convierte en un susurro táctil que puede hacernos vibrar y erizar la piel.

Simplemente hay que darle rienda suelta a la imaginación. Recorrer los surcos y los valles de las orejas con la yema de los dedos, describir sus formas y líneas sinuosas. Lo ideal es que ambos tengan los ojos cerrados para poder disfrutar juntos de ese viaje sensorial que estimula otras experiencias.

Dar la mano

Cuando ofrecemos la mano a alguien deseamos ser cordiales y trasmitir seguridad. Sin embargo, no tenemos consciencia de que ese contacto encierra un gran significado. Siempre que nuestras manos se unen a otras establecemos una conexión especial por la que damos y recibimos, intercambiando una gran información sensorial. No sólo percibimos los aspectos físicos de la mano que estrechamos, sino que también reconocemos la energía que nos toca, ya que, por breve que sea el contacto, las manos poseen una capacidad de percepción profunda que va más allá de lo racional.

¿Cómo hacerlo? Para dar la mano a fondo comienza por un roce suave que permita despertar la consciencia del tacto, hasta estrechar la mano como en un saludo. Luego, recorrer las manos por sus contornos, buscando intensificar así las sensaciones. Al separar las manos se debe mantener un gesto de despedida y agradecimiento.

Es importante sentir la confianza necesaria para disfrutar de una de las más cotidianas posibilidades que tenemos de tocar, permitiéndonos a la vez reafirmar los poderes que guardamos en el tacto y recibir sus beneficios.